Estaba alejada de Dios y sentía mucha tristeza, angustia y sufría de diferentes tipos de dolores en mi cuerpo. Unos días antes le dije a mi esposo que sentía un anhelo de venir a la iglesia y que Dios me cambie; desde ese día que llegué fui totalmente transformada, me fui con un gozo, paz, alegría y todos los dolores que tenía se fueron. Antes decía que no quería salir; ahora tengo el deseo de venir a la casa de Dios y también predico a mis compañeras de trabajo de la palabra de Dios.
Mis hijos querían estudiar inglés este año. El año pasado solo mi hijo mayor pudo estudiar; este año pude inscribir a los tres. Aparte de la inscripción, debíamos pagar también la cuota. En esta semana de ayuno nos unimos como familia; vinimos al servicio de cierre del ayuno a honrar al Señor. Al día siguiente cuando me acerco a averiguar las formas de pago, ¡me comunican que las cuotas de mis tres hijos estaban pagadas! Aún volvieron a revisar en el sistema y estaba todo pagado para la gloria de Dios.
Estuve cautivo mucho tiempo, pasé por un proceso de adicción en mi vida. Fue en una noche donde estuve al borde del suicidio; allí, en medio de la desesperación, su Espíritu Santo estaba allí y tocó mi corazón. Luego de esa noche empezó un proceso doloroso y de disciplina en mi vida; yo pude salir de las adicciones sin ningún tratamiento, sin pastillas y sin haber estado internado. Hace 2 años y medio estoy limpio y ya no consumo más, Jesucristo es el único que puede sacarnos de donde estamos. El adicto sí se puede sanar y ser transformado por el amor de Dios.